Pacientes de COVID llegan tarde a hospitales por desinformación         

 

 

 

 

 

 

Enfermar se ha convertido en un estigma para la sociedad.

FLAVIA MORALES/AVC

XALAPA

Ingresar a hospitalización a un paciente joven, que llega en estado terminal a morir, es frustrante, doloroso, cuenta Francisco Guerrero Morales, médico desde hace 25 años.

Enfermar de COVID se ha convertido en un estigma para la sociedad, que deriva en diagnósticos retardados y que los pacientes lleguen al área de urgencias de los hospitales en estados críticos.

Francisco Guerrero es médico del área de urgencia COVID del Centro de Alta Especialidad Dr. Rafael Lucio, y es presidente de la Sociedad Médica que agrupa a casi 200 médicos, internistas, cirujanos, laboratoristas y demás.

Para él, la desinformación sobre cuándo acudir al hospital, y la falta de unificación en criterios médicos para identificar síntomas graves provocan que el coronavirus aumente su letalidad.

“Tenemos desinformación en la era de la información, aunque parece difícil, hay gente que dice que el virus no existe, la gente no está leyendo”.

En 2009 Francisco atendió la pandemia de influenza H1N1. En ese entonces, no había equipo de protección: “Te puedo decir que entubamos, sin cubrebocas, sin guantes”.

Hace memoria y recuerda que llegaron pacientes graves y la cantidad de secreciones rosadas que salían de los cuerpos eran imposibles de parar. “Ese era gran problema, aún con tubos se ahogaban, llegaron pacientes que se murieron”.

En esa pandemia no había control ni estadísticas médicas como ahora en la nueva pandemia.

En este entonces a nivel mundial murieron 280 mil personas, en Veracruz los muertos fueron casi 100, y el caso cero se detectó en la Gloria en Perote, se volvió famoso por ser un niño de 5 años.

Cuando analiza la nueva pandemia, dice que el estigma genera un problema. “Nadie quiere tener COVID, si alguien tiene, ya no me acerco, ya no le habló y eso tampoco debería ser”.

Los datos abiertos de la Secretaría de Salud cuentan casos como el de una mujer de 50 años en Tuxpan que inició con síntomas el 22 de junio, ingresó al hospital 9 días después, el 1 de julio y murió a los dos días siguientes, aunque no tenía comorbilidades.

También está el caso de una mujer de 33 años en Teocelo que inició son síntomas el 20 de junio, ingresó el 1 de julio y ese mismo día murió; era diabética e hipertensa.

La nueva contingencia es difícil para el área médica. “Más que miedo, hay frustración, ver a pacientes que llegan y tras dos horas fallecen, ver la lista de internados y al rato ya no están, eso te hace sentir mal, no estábamos acostumbrados a eso”.

Los índices de mortalidad aumentan cuando las comorbilidades, como la diabetes, hipertensión o las fallas renales están descontroladas.

“LLegan los pacientes descompensados, a esos ya no los alcanzamos”.

Manejar la muerte con las familias también es un tema complejo, porque en algunas ocasiones los pacientes entran y no vuelven a ver físicamente a sus familiares, aunque hay videollamadas en algunos casos.

Hay reclamos, enojos y reclamaciones, pero ahora Trabajo Social atiende esa área para no generar conflictos entre los informes médicos.

Aunque también cuenta que hay casos exitosos de pacientes que logran vencer el virus, son en su mayoría pacientes no graves sin comorbilidades y que llegan a tiempo a la hospitalización.

El médico dice que la nueva pandemia es más contagiosa, pero a diferencia de hace 11 años, ahora hay protocolos estrictos que seguir y los médicos están preparados para recibir a los pacientes.

“Ahora la ventaja es que nos hemos preparado para esto, nada se ha improvisado, se han asignado áreas, hay equipo de protección, hay protocolos estrictos. Te puedo decir que lo hemos enfrentando bien”, explica.

Los médicos han tenido que diseñar protocolos para manejar médicamente a los pacientes, “Buscamos el medicamento más ideal que responda al proceso de recuperación”.

Agrega que la atención del COVID-19 se sale de control cuando la gente no participa al 100% y sale de sus casas, sin protección, pero considera que de Xalapa la mayor parte de los casos son foráneos, “somos hospital de concentración, la mayor parte de los pacientes que se atienden son foráneos”.

Xalapa ocupa el quinto lugar en casos de COVID-19 con 592 confirmados, 73 fallecimientos y 195 casos sospechosos.

Los datos de la hospitalización también van en aumento. La estadística federal indica que en los primeros 7 días de julio, se recibieron a 65 hospitalizados, si bien en junio fueron 182.

Las jornadas de trabajo en el CAE son de más de seis horas en varios turnos, tuvieron que dividirlas ante las complicaciones del uso del equipo de protección.

“Por la cantidad del equipo, parece que nos metemos en una bolsa de basura, se suda de tal forma que hay compañeros que se tienen que canalizar con suero por deshidratación después de laborar en su turno”, cuenta.

Francisco dice que en la anterior pandemia del H1N1 no hubo tantos problemas ni desinformación, porque el tema no estaba politizado.

 “No nos dejaron a nosotros como personal de salud tomar decisiones y acciones desde el principios, entonces hay cosa que se salieron de control, porque no es bueno mezclar, la cuestión de salud es una cosa, y la política otra cosa”.