Manuel Zepeda - Cruda Realidad

 

Nosocomio en desuso que es el Hospital de los Inválidos, ahora es el Museo de las Armas de Francia. En él está custodiada prácticamente toda la historia del belicismo francés.

Desde las armaduras de acero de la edad media que acompañaron a los caballeros que iban a las cruzadas, algunas veces acompañando al Rey San Luis por la defensa de la religión cristiana, hasta los horrores de la Segunda Guerra Mundial y los hornos crematorios del holocausto, que significan para la memoria eterna el exterminio de los hombres por los hombres mismos.

Allí está también, en todo un piso del gran edificio, la campaña completa de Napoleón por el mundo de la época conquistando países y hombres. Maquetas enormes de las grandes batallas que se iluminan de tal manera que uno puede apreciar en su inmensidad el avance de las tropas confrontadas.

Allí están también las banderas mexicanas que el ejército francés arrebató en su “incursión” por nuestro territorio producto de la invitación que le hicieron a otro Napoleón, este insignificante, los malos mexicanos que querían un emperador que guiara nuestros destinos.

Pero lo más impresionante es, sin duda, la sala que recuerda la Segunda Guerra Mundial, la sala empieza con el día D y termina con la toma de Berlín, incluido el exterminio.

Me detiene un dato desgarrador allí descrito: La guerra arrojó más de 60 millones de víctimas. ¿Se lo imaginaban? Sólo la extinta Unión Soviética tuvo más de 20 millones.

Cada familia de cada pueblo, de cada país de Europa tiene bajas que lamentar, estoy seguro, en esta guerra. ¿Quién de los descendientes quiere otra guerra?

Aquí en Xalapa tengo amigos que la padecieron en su niñez y los marcaron para siempre. Por eso me resulta inaudito que en Ucrania, la que padeció una a una las muertes de la guerra como toda la Unión Soviética, tierra de nuestro querido Misha, el concertino de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, haya pasado lo que sucedió hace unas horas. La ruptura del orden y el régimen establecido originando la balacera, la destrucción y los bombardeos con las muertes inevitables.

Hoy, Ucrania ya tiene un presidente interino. Yanucóvich dice que su destitución es ilegal, no obstante que haya huido en su helicóptero cargado de pertenencias, tal vez ilícitas, dejando muestras de su enriquecimiento en bienes, palacios y hectáreas como el mundo ha podido constatar por la televisión. Ya se habla de la desintegración del país. Mientras, los policías que hicieron la matanza, se dicen arrepentidos y se hincan ante el pueblo. Es la cruda realidad.

¿Cómo es posible que se repitan asuntos que deberían ser olvidados para toda la vida? Dice el lugar común que el hombre es el único animal que se tropieza con la misma piedra.

Y mañana habrá de salir el sol.

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