POLIANTEA - Rubén Pabello - Cambiando lo que se deba cambiar

 

Las experiencias más actuales de países que han entrado en conflictos interiores, que hasta hace poco vivían una etapa de aparente tranquilidad han despertado,  en algunos casos, en forma cruenta reclamando y oponiéndose a sus gobiernos, hastiados de sufrir lo que llaman un ejercicio inadecuado del poder público.

Ahí está la reciente insurrección en África del norte que empezó en Tunes y se extendió a otros países del área, que sufren en estos días desestabilizaciones profundas alterando no solo la paz interna de esas naciones sino, en algunos casos, ciertos equilibrios internacionales que afectan a naciones poderosas con intereses muy sensibles en la zona. Ahí están los casos de Egipto, Libia, el mas reciente el preocupante de Siria y ahora la guerra civil en Ucrania.

Escenas donde grandes masas de población se enfrentan a fuerzas de policía y en casos con tropas regulares, en una lucha callejera, antes excepcional, que reacciona con virulencia física contra un gobierno establecido con el que no están de acuerdo.  

En América del Sur, destaca la inestabilidad que vive Venezuela, país hermano que no deja de preocupar por los síntomas de hastío social que presenta su población, contra un régimen de corte autoritario, que sin embargo también cuenta con partidarios, lo que lo convierte en un asunto sumamente complicado.

Son los cambios socio-políticos que han proliferado en este siglo XXI que recuerda los inicios de los siglos XI y XX, llenos de convulsiones entre naciones que produjeron guerras de gran calado o bien revoluciones civiles que alteraron gobiernos e instituciones. Se recuerda en el siglo pasado la llamada “Primavera de Praga”, donde nació,  extendiéndose a numerosos países en 1968, provocando una fiebre reivindicadora de Derechos Civiles por la democracia, entre ellos Francia y quien no recuerda: México.

Así como las naciones van cambiando, sus habitantes van dando sentido a su expresión y sentimiento a esa transformación, como la parte humana en la relación con sus gobiernos. Así también sucede en espacios más reducidos donde también rige el poder constituido legalmente. En México, también se dan esos cambios, en los cuales la misma presión de los ciudadanos obliga a los gobiernos a tomar decisiones y a ejecutar acciones tendientes a conservar ese orden interior, que toda nación requiere para su desarrollo.

Viene esto al caso por la reciente captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, uno de los más buscados personajes responsable de los delitos mayormente perseguidos internacionalmente, el narcotráfico. Personaje legendario, prófugo en condiciones extrañas, que fue intocado durante doce años. Es hoy en ese rubro el cambio en el país.

 Resulta ridículo y fuera de congruencia que ahora Vicente Fox y Felipe Calderón, uno presidente cuando la fuga y el otro tolerante de este cártel, hoy feliciten al presidente Peña Nieto por su logro; sobre todo Calderón, quien en los seis años de su mandato persiguió a otras organizaciones criminales sin tocar medularmente al ahora detenido.

Pero hay cambios y cambios, el eterno Mutatis mutandis. Es el cambiar lo que haya que cambiar y en Veracruz llego el momento de practicar estos cambios necesarios. Cambiar lo que ya no funciona, remover la plantilla humana que desempeñó los cargos públicos cuando ya cumplió, bien o mal, su ciclo de trabajo.

Dependencias en que por promoción de sus funcionarios, estos son requeridos para ocupar otros encargos de mayor relevancia, como en SEDESOL; renuevo de servidores donde el desgaste natural del cargo hace conveniente la nominación de otra persona que lleve adelante la tarea, como en la Procuraduría de Justicia.

 Cambios imperativos donde la inmadurez llenó los espacios con soberbia; donde, entre otras lindezas, se agendaban citas con personas a las que se hacía esperar premeditadamente, para cancelar en ese momento la reunión, con la salida de que “el Señor gobernador está solicitando la presencia del titular”, como fue en la Coordinación de Comunicación.

Es el mecanismo funcional de un gobierno, es el reacomodo de la parte orgánica servida por individuos que tienen a su encomienda las tareas públicas, donde se promueve a los que se han ameritado y se defenestra a quienes han fallado. En este último caso para decirlo en forma festiva, como lo inmortalizo el gobernador de las ocurrencias, Miguel Alemán Velasco: “son las calabazas que se irán cayendo de la carreta”, a medida que el lapso del mandato vaya cumpliendo sus etapas.

 

Por razón natural del desempeño gubernamental, no serán los últimos movimientos de las piezas de ese complicado ajedrez. Solo se espera que la eficiencia y buenos resultados acompañen a los nuevos funcionarios. En este recién iniciado cuarto año del gobernador Javier Duarte de Ochoa, la movilidad de su equipo acumula ya un número considerable de cambios en casi todas las áreas. Que sean para bien de Veracruz y de los veracruzanos, como él lo ha pregonado.   

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