Manuel Zepeda - Toluca

 

Ayer, a casi 3 mil metros de altura sobre el nivel del mar, rodeados de un operativo de seguridad significativo, como lo exigía la importancia del momento, se reunieron los representantes de esos países que hicieron posible el Nafta (por sus siglas en inglés), ahora en las cabezas de Peña Nieto, Obama y Harper.

Aunque los medios nacionales minimizaron el acto protocolario que reunía a tres mandatarios importantes del Orbe, y destacaron las muestras de rechazo de los representantes del PRD, que reclamaban a los reunidos en Toluca la entrega sin cortapisas del petróleo mexicano a Estados Unidos y Canadá. La opinión pública mundial estaba sobre Toluca.

Nadie puede negar que las reformas implementadas por Enrique Peña Nieto, las más significativas desde el constituyente de 1917, han puesto a México, a su representante del Poder Ejecutivo y al Congreso de la Unión en el ojo de la observancia universal, que saluda y ha saludado generosamente las medidas tomadas en un país que quiere ingresar de lleno a la vida democrática moderna, apostando con sus fuerzas representativas de la mano, avalando el reto. En Toluca, los mandatarios de Canadá y Estados Unidos también lo hicieron.

Tampoco se puede negar el avance del TLC en los 20 años que de vida tiene, concediendo también el que no todo lo propuesto se ha llevado a cabo.

Hay resultados importantes. Hoy, exportadores de frutas y legumbres de México pueden colocar sus productos en el mercado canadiense y norteamericano de manera fluida y eficaz, dignificando la calidad de nuestros productores que logran pasar todos los requisitos que el Nafta pone para ser exportados a los mercados establecidos en el acuerdo.

La franja fronteriza del norte del país es un espacio de fluido constante de comercialización de primera calidad entre México, Canadá y los Estados Unidos.

Ahora, en la reunión de Toluca se dieron retos importantes.

Se demostró al mundo, con resultados, que Norteamérica es un espacio dinámico que está en constante movimiento, que hoy poseen juntos las reservas petroleras más importantes del Orbe.

Los tres países actúan con responsabilidad compartida, con relaciones cordiales como norma de madurez norteamericana, de respeto y cercanía.

El TLC se ha vuelto emblemático ante el mundo y ejemplo a seguir como muestra de concreción de los objetivos planteados.

El viajero confiable, aquel que podrá entrar y salir de los tres países que integran el Nafta por el aval que sus propios países ofrecen, va avanzando viento en popa y podrá estar en operación a finales de este año y principios del 2015.

El intercambio de estudiantes con los Estados Unidos es amplio y ambicioso. Se habla de cien mil estudiantes mexicanos en el país del norte y cien mil americanos en nuestro país, estudiando en universidades públicas y privadas, becados y apoyados para su desarrollo.

El comercio que es prioridad para los tres países, habrá de dar un salto prodigioso. La carga habrá de llegar a su destino con los vehículos de origen. Quiere decir que nuestros tráileres habrán de cruzar la frontera sin problema para llevar la carga hasta el sitio acordado. Quiere decir que ya podrán pasar, pero quiere decir que los vehículos de carga de los tres países habrán de cumplir fehacientemente con los requisitos formales y rígidos que exige el tratado para bien de todos.

Se habló con Canadá de un gran acuerdo de intercambio comercial de líneas aéreas. Quiere decir que en poco tiempo habremos de ver vehículos aéreos Bombardier de fabricación canadiense navegando con más intensidad el territorio nacional llevando carga y pasajeros entre los dos países.

Hay pues, buenos resultados de esta cumbre toluqueña.

Si yo fuera presidente y en respuesta a la buena marcha del TLC entre tres países importantes, le enviaba al mandatario de Estados Unidos un tráiler completo de Chorizo toluqueño en el primer vehículo mexicano que cruce la frontera, en desagravio al dicho público de Obama de que le hubiera gustado probarlo.

Antier fue un día importante para las relaciones fundamentales de México.

Hay que decirlo.

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