Primer día de clases: nervios y esperanza

Primer día de clases: nervios y esperanza

 

 

 

Más de 270 mil alumnos de preescolar abarrotaron las aulas.

Juan David Castilla Arcos

Xalapa

Rafa, desconfiado, miró a su maestra dos veces, de arriba a abajo, antes de entrar a un salón de clases por primera ocasión en su vida.

La noche anterior estaba emocionado. Su deseo por ir a la escuela persistió hasta la mañana del 20 de agosto.

Se despertó más temprano que nunca. Apuraba a su papá que lo llevara al colegio.

A sus tres años, parecía estar dispuesto a alejarse de sus padres para conocer gente nueva y convivir de manera estrecha con niñas y niños de su edad.

Su madre, Valeria Carmona, casi llora al dejarlo en el jardín de niños Pestalozzi, ubicado en la calle Justo Sierra del centro de Xalapa.

Ella, emocionada por el gran paso de su hijo, recuerda que el semblante de Rafa cambió con la presencia de decenas de infantes desconocidos.

Había muchos papás con prisa. Los niños corrían de un lado a otro sin parar. La directora tomó el micrófono, su voz de escuchaba en todo el plantel. Rafa parecía alterado, asustado.

“Iba contento en el camino, no se venía nada nervioso, solo cuando llegamos a la escuela como que se espantó. Hizo unos pucheros”, narra la mamá.

Otros menores lloraban al interior de los salones. No querían separarse de sus padres.

Rafa actuó distinto; sin embargo, sus papás evitaban el llanto de los demás, para que no le dieran ganas de lagrimear.

SEPARACIÓN

La joven de 28 años sentía mariposas en el estómago. No quería dejar a su hijo más pequeño con desconocidos.

Él, temeroso, caminada de la mano de sus papás, en los pasillos de la escuela.

Los tres se contagiaban el nerviosismo. Todo era nuevo para el pequeño.

Rafa paralizó su cuerpo cuando topó de frente a su maestra. Su seriedad era notoria.

“Al momento que vio a la maestra, se quedó serio, mirándola de arriba a abajo como dos veces y creo que la aceptó, porque la maestra le preguntó su nombre y él contestó: Rafa, serio pero le contestó”.

El estudiante de nuevo ingresó al preescolar repartió besos a mamá y papá, para despedirse.

Cuando por fin entró al salón, dos niñas no dejaban de llorar. Las miró detenidamente. Su niñera lo tomó de la mano y le guió hasta su asiento.

“La verdad sí lo vi tranquilo. Se sacó un poco de onda al ver tanta gente porque habíamos muchos”, recuerda Valeria.

A Rafa, al ser de nuevo ingreso, le permitieron acudir a clases sin uniforme. Portaba un suéter gris con cuello “ve”, playera amarilla de manga larga, pantalón de mezclilla, botas color caqui y una pequeña mochila con tirantes anaranjados.

MÁS DE 270 MIL ALUMNOS

Rafa ahora es uno de los más de 270 mil alumnos de preescolar que hay en la entidad veracruzana.

Los estudiantes están distribuidos en siete mil 722 escuelas a lo largo y ancho del territorio estatal.

De acuerdo con el Prontuario Estadístico de la Subdirección de Investigación y Análisis de la Información de la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV), 17 mil 234 docentes están a cargo de dicho nivel educativo.

El portal de transparencia revela que hay más de 133 mil 726 niñas y 136 mil 589 niños en el kínder.

Existen escuelas de este tipo en cinco mil 387 localidades del estado de Veracruz.

A juicio del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, dos millones 350 mil estudiantes volvieron a clases durante el 20 de agosto.

El mandatario estatal inauguró el ciclo escolar 2018-2019 en el municipio de Acayucan, localizado al sur de la entidad.

Los alumnos volvieron a clases en 22 mil 752 escuelas de todo el estado.

EMPEÑAN HASTA EL AUTO

Los padres de familia enfrentaron dificultades económicas durante esta temporada de regreso a clases.

Algunos empeñaron hasta su vehículo por falta de liquidez.

La gente necesitaba dinero para la compra de útiles escolares, uniformes, zapatos y el pago de inscripciones.

De acuerdo con Laura Suárez, gerente de la céntrica sucursal de Fundación Dondé en Xalapa, el empeño incrementó hasta 30% en estas fechas.

Al día, se han registrado más de 50 movimientos en dicha casa de empeño, ubicada en la esquina de las calles Primo Verdad e Ignacio Zaragoza, del centro de la ciudad.

“Lo que más me han traído son electrónicos, alhajas, línea blanca y sobre todo autos, en el empeño dejan los documentos, que es el auto rodando y alguno que otro, si necesita más dinero, dejan su coche guardado un tiempo”.

El parque vehicular en la capital del estado es de los más elevados a nivel nacional.

La Fundación Dondé presta hasta 80% del valor total del avalúo realizado a cada automóvil.

“Es un trámite rápido y sencillo, al coche se le pone un chip, ellos pueden traerlo y sin ningún problema sacan adelante a su familia para inscripciones, graduaciones, útiles, uniformes”, añade Laura Suárez.

Cabe mencionar que solo el 5% de los usuarios de Fundación Dondé no recuperan sus prendas.

“Es fácil recuperar los vehículos porque la Fundación Dondé los apoya prestándoles lo que requieren, no más, y también tienen hasta 36 meses para sus pagos, para que vayan recuperando con capital a interés”.

La gerente considera que las familias carecen de liquidez económica para el regreso a clases y, por ello, deben acudir a las casas de empeño.

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